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martes, 15 de mayo de 2012

No lo entiendes, y sin embargo, cedes.

Y es verdad eso de que no sabes el por qué, ni el cómo puedes estar así por alguien que no lo hace de la misma forma por ti. Sabes que te sobran experiencias para cambiar de actitud, pero te faltan razones para dejarla a un lado. Y es que sabes que no se puede renunciar a aquello en lo que no dejas de pensar todos los días, y en efecto, ella es ese "aquello" constante en tu cabeza. Sólo piensas en la forma en la que la tratarías cuando estuvieras con ella, de qué forma le cogerías la mano, la besarías, y le pedirías que te diera un abrazo infinito, de esos que no acaban, no para ti. Tú sabrías cómo tratarla, y tendrías claro cual es la mejor forma para hacerla feliz, pero ella te lo hace tan difícil, que así piensas que es imposible. Pero recuerda, que no hay imposibles, sólo personas incapaces.
También es constante tu forma de pensar el cómo olvidarla, y el qué hacer para empezar una nueva etapa. Sin quererlo, se adentró a ti, y a base de pequeños detalles, ahí está, contigo. Ella te avisa, y tú no haces caso. Porque no dejas de recordar su mirada, sus ojos intentos cuando te miraba, su risa tan sonora cuando la hacías reír sin cesar... siquiera olvidar su forma tonta de darle la vuelta a tus palabras, ni vuestras discusiones sin sentido.  Ni ella misma misma sabe como explicarte qué es lo que pasa, ni tú puedes entender por qué le resulta tan difícil darte una explicación en vez de tantas largas. Lo único que tiene claro, es que no quiere fallarte; y tú, sin embargo, lo único que quieres, es que ella sea feliz a toda costa, contigo o sin ti.

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