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sábado, 29 de octubre de 2011

Ya no hay más.

Me vas a empezar a perdonar por comenzar con olvidar. Hoy siento que tengas que escuchar que me iré a buscar un nuevo estilo de vida, pero sin olvidar el anterior. No podré sacarte de mi corazón, pero haré lo posible para que dejes de estar en mi cabeza continuamente. Voy a enfrentarme a la realidad, me pondré delante de ella, le daré la mano y me moldearé a ella. Voy a vestirme de fiesta cuando caiga el Sol, ya no apostaré más, simplemente me sentaré y esperaré a que las cosas vengan a mi, solo si quieren. Cogeré mi maleta y la llenaré de papeles rotos donde escribía mis planes de futuro, un mechero y una barra de pegamento, y con el tiempo comprobaré, qué es lo que quiero. En el bolsillo llevaré una goma de borrar y un mapa, para poder ver mi camino y hacer que dejen de haber incorrectos. También me llevaré un paquete de pañuelos, para que cada vez que tenga ganas de llorar, me seque las lágrimas que aún me quedan. Además, tomaré en mano un abrigo, para que cuando eche de menos tu calor,  me lo ponga y no lo quiera más. Cogeré el megáfono más grande que pueda haber para que, cuando tenga ganas de reír, lo encienda y estés donde estés, puedas escucharme. Me vas a perdonar por no poder callarme, por entender lo que son los corazones sin consuelo, y por pensar que ya no hay nada peor que este frío que me hace volver a recordar tu calor.

Los días pasarán deprisa.


Y ahora es cuando se adentra el otoño, y poco a poco, el invierno. Es el momento en el que todo se vuelve frío, tienes falta de ganas, y todo se muere... recuerdas este verano, el calor sobre tu piel, la luz del Sol todo el día sobre tu rostro, las risas continuas desde la mañana hasta el anochecer, el tener que esperar el tiempo que haga falta para lo que sea, esas caricias compartidas, los besos regalados, las noches en vela hablando sin cesar... acabas viendo detrás de ti, la ausencia de todo eso. Te duele el saber que todo eso se ha acabado, una vez más, por la culpa de la rutina de todos los días. Pero con el tiempo aprenderás a sobrellevarlo, y a darte cuenta de que, nunca tienes que esperar nada de nadie, ya que esperar siempre duele. Que no tendrás todos los días el Sol a tu vera, pero sí, una lluvia que no cesa, y que cuando lo hace, sale de nuevo el Sol veraniego que tanto extrañabas. No tendrás una lista de espera para risas por minuto, pero sí una ilusión para cada vez que lo hagas. Pero pase lo que pase, sea la estación que sea, no dejarás de sentir.

martes, 11 de octubre de 2011

Puedes alcanzarlo todo.

Llegará el día en el que superarás una a una todas esas murallas puestas en tu camino, dejarán de existir fronteras entre tú y tus sueños, dejaremos de lamentarnos por aquello que no hicimos y comenzaremos a sonreír por lo que conseguimos. No habrá más falsas esperanzas, ni palabras que te hagan llorar, tampoco dolores más fuertes que el amar, ni nadie mejor de lo que tú ahora estás. Que no habrá más gamas de oscuros en tus días, pues exaltarán los colores vivos y con ganas de más. Comenzarás a superar tus limitaciones, a saber que lo que no pudiste hacer hoy, podrás hacerlo mañana. Habrá un punto en tu vida que te encantará tropezar y caer, porque sabes con qué éxito volverás a ascender, aprendiendo a andar, y queriendo avanzar. Que no olvidarás que tu sonrisa moverá montañas, y que tu mirada, apagará la mayor de las desgracias. Nadie habló nunca de imposibles, solo de personas incapaces de luchar. Nunca llegarás a jurar amor eterno, pero sin duda, si que amarás hasta el fin de tus días. Que tu cara empapada nunca más será signo de sufrir, sino de felicidad por saber a donde puedes ir. Y es que a partir de ahora, tú sabes todo lo que puedes lograr.

sábado, 1 de octubre de 2011

Yo para ti, tú para mi.

Somos como dos desconocidos cuando estamos a dos centímetros, como extraños estando a uno, como almas gemelas cuando nos tocamos. Ese momento en el que nuestras miradas chocan al mismo tiempo, ambas se paran, y se miran fijamente. No queremos perder ni uno de los detalles que guarda esa mirada fija, es tanto nuestro interés, que conseguimos ver nuestro propio rostro reflejado. Es como si tu mirada, fuera la mía, y la mía fuera ya tuya para siempre. Ambos sonreímos, sabiendo que somos más que algo pasajero. Me coges primero de un dedo de la mano, y después, atrapas mi mano entera, enlazándola con la tuya. Un escalofrío recorre mi cuerpo, esto va a ir bien. Recorremos camino juntos, hablamos, volvemos a sonreír, nos volvemos a mirar, y yo, sin querer queriendo, te robo un beso; el primero de otros muchos. Ahora, no hay marcha atrás, somos uno.